Lectura no verbal del encuentro entre Felipe VI y Mas

Me entusiasma analizar el lenguaje no verbal del president de la Generalitat, más en un día como hoy. Y es que aunque no creo que Artur Mas posea un dominio consciente de sus gestos, siempre acaba controlando la situación. Más allá de «el rostro serio del rey» con el que se han quedado la mayoría de medios, veamos qué más ha ocurrido entre el encuentro de Felipe VI y Mas.

1. Indumentaria. Mas llega vestido de gris, camisa blanca y corbata (creo que nueva). El color gris es un color que elegimos subconscientemente cuando no tenemos nada que decir, o convenimos que será mejor callar (muy utilizado en los juzgados). Felipe VI, en tonos azules, no está mal pero lleva los dichosos zapatos de hebilla (tras la Revolución Francesa, a no ser que quieras instaurar la monarquía absolutista y los combines con calzas, quedaron totalmente desfasados).

2. Mas saluda a la prensa. Se lo ve nervioso (normal, no juega en propia casa), recolocándose las mangas y poniéndose de puntillas (lo hace cuando está nervioso aunque algunos insistan en que lo hace para parecer más alto). Enseña las palmas de las manos (desarmado) y advierte: «Vengo en son de paz». Coherencia total entre mensaje verbal y no verbal. Anuncian la entrada del rey, Mas deja de sonreír y se cuadra…

3. El rey aparece serio. Es una seriedad impuesta, no resulta natural. Seguramente le han recomendado que no sonría para contrarestar las imágenes de la pitada. Mas aprovecha la confusión del monarca, se adelanta y le alarga la mano para el saludo (no es el anfitrión ni un rey, pero se acaba de hacer con el control de la situación).

4. Mas intenta relajar la tensión del momento. Le habla, le sonríe pero no consigue que se le contagie. Como el rey no le mira a los ojos, el president le da una palmada en la espalda para llamar su atención (según protocolo, gran error: no se toca a un monarca. Pero para los republicanos y/o independentistas, un gran logro: acaba de tratarlo como un igual) pero tampoco consigue suavizar su gesto. Aguantan el tipo unos segundos más para que los cámaras puedan hacer su trabajo y es Mas, nuevamente, el que decide los tiempos: otra palmada al rey en la espalda para que pasen a reunirse (está actuando como el anfitrión).

5. El rey capta el gesto de Mas y le cede el paso (acaba de caer en la trampa). Discuten por quién pasa primero y, al final, Felipe VI logra que se adelante el president. Mas se apunta una nueva victoria: siempre pasa primero el anfitrión o el más fuerte (poderoso*), el que guía (el líder).

 

150 150 Patrycia Centeno