A sabiendas de las críticas recibidas y las que se sumarían, Pablo Motos trató de ser duro, incluso borde, con el invitado. Por su parte, Santiago Abascal llegó con la lección aprendida: sonrisas y gestos afables para rebajar el fascismo de su mensaje y partido. Lo peligroso es que Abascal no es Ortega Smith y cuando lo desea su apariencia no asusta ni disgusta. Así fue como el presentador acabó regalándole a un hombre con #pecholobo (#alertacaspa) un «hasta pareces bueno». El líder de Vox recogió el piropo y sacó pecho: «lo soy, soy bueno». SEGUIR LEYENDO