En el nombre del sastre

A la asociación de sastres españoles no les ha sentado bien que al costurero del presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, se le identifique como sastre. José Tomás, para ellos, “es un vendedor de una tienda” que en vez de clavar espadas a toros y puñaladas traperas a compañeros, coloca alfileres y pincha donde les duele a sus clientes más notables. Y es que de hecho, la mayoría de políticos nacionales prescinden del arte de la sastrería tradicional y apuestan por el traje de confección e incluso, se pasan por el outlet… 

A raíz de la polémica con los trajes del presidente valenciano, Francisco Camps, en un reportaje publicado ayer en el diario El Mundo se examinaba el vestuario de los presidentes autonómicos para concluir que la mayoría de ellos optaba por comprar sus indumentarias en grandes almacenes y cadenas de ropa. Pocos, según la investigación, confían su imagen a profesionales de la sastrería tal y como sí lo hacen el Rey, el Príncipe, Eduardo Zaplana o Rodrigo Rato.

El presidente del gobierno, según cuenta el sastre José María Reíllo y responsable de su cambio de imagen tras ganar las elecciones de 2004, ha vuelto al traje de confección. “Le hice lo que se necesita para el protocolo: chaqué, frac, esmoquin y unos cuantos trajes, en total, ocho o diez encargos”, le confiesa Reíllo a la periodista Ana María Ortiz. Todo ese arsenal de estilo debe haber quedado arrinconado en el fondo del armario del presidente porque desde hace tiempo Reíllo no identifica sus trajes en la indumentaria de Zapatero y además, nunca más recibió ningún otro pedido.

“En lo que a estética se refiere –observa la periodista-, el socialista parece haber vuelto a  sus orígenes, cuando se vestía en grandes almacenes y cadenas de ropa, y últimamente aparece en público con una imagen mucho más desaliñada.”
Pero la mayoría de políticos españoles también siguen la línea de Zapatero. Algún traje a medida para la época electoral y la foto de campaña, y el resto de confección para tirar durante el día a día. Así, gracias al caso Gürtel, sabemos que Francisco Camps viste de Milano -Cortefiel- y Forever Young y que los trajes cuestan entre 800 y 1.200 euros. El navarro Miguel Sanz se deja el presupuesto estilístico –entre 300 y 800 euros cada combinación- en tiendas de Pamplona como Erro en la que cuentan con marcas como Caramelo, Ermenegildo Zegna o Burrberry. En Madrid, Esperanza Aguirre asegura vestir casi siempre de Zara mientras que en Catalunya, José Montilla se ahorra unos euros comprando trajes de Ermenegildo Zegna en outlets a unos 550 euros. Por su parte, Miguel Ángel Revilla, presidente cantábro, prefiere los de Emidio Tucci o Cánovas y “suele comprarlos personalmente. Aunque también, una gran mayoría de todos ellos, como el presidente del Congreso, José Bono, acude habitualmente a El Corte Inglés más cercano.

El diablo viste de Zara y el catalán mira “la pela”

Aunque se irriten algo más los sastres españoles –molestos con que los medios de comunicación se refieran al costurero de Francisco Camps como “sastre” cuando, según ellos, es un “vendedor de tienda”- huelga decir que la buena presencia no está totalmente reñida con el precio de la pieza a vestir.  Con sastre o sin sastre, los políticos están obligados a representar al pueblo con elegancia. ¡Qué menos!

150 150 Patrycia Centeno