Mis reiteradas críticas acerca de la posición que adoptaba Felipe VI para sentarse me valió una buena regañina de mi tío: «los hombres no cruzan las piernas», sentenció. Me pareció curioso que ese comentario lo apuntara él… Me he criado rodeada de varones y precisamente mi tío -aunque nunca le ha hecho falta cruzar las piernas- no es de aquellos machos que necesitan reclamar su poder abriéndose de piernas. Siempre, y digo siempre porque de pequeña ya era algo que me creaba un rechazo espantoso, me he mantenido alejada de los caballeros que se espatarran al sentarse. Y aunque al principio creía que era algún otro trastorno propio (uno de tantos), comprobé que la animadversión por este tipo de posición corporal masculina es común entre el sexo femenino. Tanto que en el metro de Nueva York se han decidido a pedir que los viajeros varones eviten tal comportamiento en el transporte público.
En lenguaje no verbal, cuanto más ocupas, más poder tienes. Piensen en lo que hace un atleta nada más llegar a la meta: extender los brazos (victoria). Los tacones para las mujeres, los cuerpos musculados en los hombres, o la cantidad de capas de ropa que se pueda llegar a echar encima la clase alta también buscan esa sensación. En este sentido, las piernas abiertas en los caballeros, con sus atributos colgando como principales protagonistas, pretenden someter a los que no alcanzan su poderío animal. Si esta actitud la toman frente a una dama, provocarán que esta se sienta incómoda (las féminas, víctimas de un machismo histórico, continuamos considerándonos inconscientemente -y en comunicación no verbal- el sexo débil). Frente a la sumisión no verbal a la que obligan a la mujer, los otros machos suelen responder imitando la postura amenazadora del provocador.
En política, donde las relaciones diplomáticas son esenciales, este tipo de postura tan agresiva puede acarrear graves problemas de comunicación…
- El pasado sábado tuve que cambiar de canal y pasar de escuchar a Albert Rivera en La Sexta Noche. El presidente de Ciutadans se pasó toda la entrevista con las piernas abiertas y la corbata (larguísima) cubriéndole las partes. Desagradable.

Muchas veces, la necesidad de ocupar más espacio del necesario se debe a que uno se siente inseguro. Los nervios suelen propiciar posturas incorrectas que transmiten una imagen equivocada o no pretendida.

Lo de Rajoy es que es de manual. Rubalcaba, algo más fino que Rajoy, en vez de espatarrarse, utiliza sus brazos para frenar la conquista del presidente.

Ojito porque aquí el presidente mantiene postura y apunta con el dedo… Artur Mas se vale de un accesorio (la libreta) para expandirse sin perder un ápice de dignidad.
Me gustaría otro reportaje igual pero sobre los políticos escoceses